miércoles, 5 de noviembre de 2008

¿Qué dice la Biblia sobre la homosexualidad y el matrimonio 'gay'?

Antes de abordar tan espinoso tema debo dejar claro que de ningún modo condeno al homosexual. Empero, deploro las actitudes de fanáticos religiosos, libertinos y políticos que en lugar de animar al homosexual, a la lesbiana o al bisexual a buscar ayuda profesional se burlan de ellos, les condenan al infierno o con argumentos huérfanos de sensatez les exhortan a seguir por el camino ancho y espacioso del descontrol sexual.
Por prejuicios irreligiosos o malas experiencias con legalistas religiosos muchos homosexuales rechazan que la Biblia tenga algo que ver con temas como la homosexualidad. Desconocen que la vida no se circunscribe solo a la mente y el cuerpo; a la materia, esto es. También ahí está presente el elemento espiritual. Para no parcializarnos y evitar sesgos en nuestra posición existencial es menester guardar un equilibrio o punto medio entre las tres dimensiones del ser humano: espíritu, alma y cuerpo. Quien toque temas como la homosexualidad, educación sexual, aborto, eutanasia, pena de muerte, cultivo de células madre, experimentos con embriones humanos o cualquier otro que atañe al ser humano no debe obviar las tres facetas de la persona a fin de no polarizarse. De ahí que a mí como cristiano me preocupen sobremanera posiciones miopes; ya sean fanáticas religiosas o tan “especializadas” y “científicas” que omiten la parte espiritual del ser humano.
Antes de analizar la homosexualidad a la luz de la Biblia es inevitable investigar con honestidad intelectual si ella tiene autoridad o no para aprobar o desaprobar el matrimonio entre personas del mismo sexo. Mientras desarrollemos el punto sobre la homosexualidad nos daremos cuenta si hay necesidad de abordar el asunto sobre el matrimonio homosexual, pues si la homosexualidad es bien vista por la Biblia, debe entenderse que acepta el matrimonio homosexual; si no, está de más hablar del tema.
Como recordaremos, hay quienes rechazan a priori que la Biblia sea la Palabra de Dios. Sus objeciones no nacen de una investigación honesta, sino que surgen de resentimientos de vieja data, prejuicios irreligiosos y presuposiciones filosóficas (esperar que alguien resentido, soberbio y prejuicioso admita su rencor, arrogancia e ideas preconcebidas es prácticamente imposible).
Hay corrientes de supuestos estudiosos de la Biblia, historia y arqueología que aseguran tener “evidencias” para “rebatir” el Libro de Dios. Al examinar tales “pruebas”, el genuino estudioso de la Biblia nota que son cual gran montaña que estremecida por dolores de parto quebranta rocas, cuartea la tierra y despide llamaradas y negro humo, mas da a luz un ratoncito. Son puro tilín, tilín y nada de paletas.
En nuestra primera obra El origen del sufrimiento... quedó demostrado que existe un sinnúmero de pruebas que confirman la inspiración divina de las Escrituras judeocristianas, y en este blog he publicado algunas partes de ese material con el título Biblia: ¿Palabra de Dios o un libro más?
Ahora bien, hay suficientes y genuinas evidencias históricas, naturalistas, arqueológicas, hermenéuticas y millones de experiencias espirituales para aseverar sin lugar a dudas que los sesenta y seis (66) libros que forman la Biblia fueron inspirados por Dios. Quien diga lo contrario no sabe de lo que habla y debería aprender a investigar con honestidad intelectual y no dejarse llevar por resentimientos o cantos de sirena de gente prejuciosa. (Es patético que la mayor parte de estos seudo intelectuales crean que por leer la Biblia de sopetón ya son teólogos y doctos en la materia)
Hay quienes transfieren sus limitaciones a Dios: “Si yo no puedo lograr que más de cuarenta personas de distintas nacionalidades y épocas diferentes se pongan de acuerdo para escribir un libro infalible, Dios tampoco puede hacerlo”. “Si yo no puedo crear el universo en seis días calendario, Dios no puede”. O, sin parpadear, afirman algo como esto: “Dios no existe porque yo no quiero que exista”. “El cielo es una creencia perversa”. (Este tío se fue al otro extremo de Bertrand Russell que consideraba que Jesús era inmoral por creer en el infierno) Y se inventan la religión llamada evolución, cuyo “santo” patrón es Darwin y cuyo libro sagrado es El origen de las especies. Los creyentes de la teoría de la evolución acusan a los cristianos de dogmáticos y fundamentalistas, pero ellos hacen igual o peor al oponerse a que el creacionismo sea impartido en los centros educativos como lo es el mito transformista.
Hagamos un paréntesis, la posición atea arriba citada es la antítesis del señalamiento filosófico de Miguel de Unamuno cuando escribió: “[...] Quiero que Dios exista [...], porque se me revela, por vía cordial, en el Evangelio y a través de Cristo y de la Historia”. Los ateos contemporáneos deberían analizar con honestidad intelectual los postreros días de Sartre, Camus, Kant y otros ateos y agnósticos. Cerramos el paréntesis.
Si las leyes I y II de la Termodinámica, la ley de la biogénesis y otros principios de la naturaleza hablaran, ¿qué gritarían a estos fanáticos del transformismo evolutivo? La teoría de la evolución tiene muy poca ciencia, pero sí cuenta con grandes dosis de metafísica. Algunos no creen en la Biblia y niegan a Dios no por falta de evidencias, sino que la rechazan a pesar de las evidencias. Entiéndase bien: hay suficientes evidencias naturalistas para demostrar la existencia de Dios; que escépticos, agnósticos y ateos no las quieran considerar y aceptar por resentimientos, amarguras, prejuicios parentales, condicionamiento y paradigmas es otra cosa. Precisamos recordarles que más pesa un gramo de sensatez que una tonelada de necedad.
Pues bien, ni la genética ni la biología ni la endocrinología ni la sicología, ni ninguna otra ciencia natural o social ha demostrado que se nazca homosexual. Quien diga lo contrario miente o desconoce el tema. Es más, basado en la infalible Palabra de Dios la Biblia puedo expresarte con total certeza que nadie jamás podrá probar tal disparate porque es una falacia. Un mito. De manera que no comas cuento de ciertos enunciados y escritos que oyes y lees por ahí.
Jung en su postulado del animus (masculino) y anima (femenina) sugiere que “cada hombre tiene dentro su Eva”, y cada mujer lleva dentro su Adán, con el cual deben “encontrarse” para ser funcionales. Es cierto que por factores temperamentales hay cualidades parecidas entre hombre y mujer. Mas eso no hace al hombre medio mujer ni a la mujer medio hombre. Somos diferentes y complementarios. Dios es Padre, no “nació mujer” ni Jesús es bisexual por amar mujeres y hombres. Ni fue el marido de María Magdalena. Es curioso que entre los que sostienen la tesis jungiana abunden los que defienden el estilo de vida homosexual o mantienen una relación contranatural. También llama la atención que haya mucha homosexualidad y bisexualidad en la profesión de ciertos sujetos que defienden la conducta homosexual o bisexual a capa y espada y etiqueten de homofóbicos a los que no comulgan con ellos. ¿Será casualidad? ¿O serán gavilanes polleros que gustan de jovencitos para iniciarlos en la homosexualidad? Por experiencia sé que en nuestras universidades hay muchos gavilanes polleros aun entre los docentes. De ahí que debamos cuidar a nuestros hijos. ¡Así sea!
En sicoanálisis se habla de “homosexualidad síquica” al sostener que los humanos poseen elementos bisexuales, pero dicha “bisexualidad” no es activa, sino fantaseada. “Una predisposición a la homosexualidad puede ser un factor constitucional”. No obstante, “nadie es completamente masculino ni femenino”. Desde luego, esto solo es un postulado (filosofía) como mucho de lo que se afirma en sicoanálisis, sicología y en otras disciplinas. Considero que esas fantasías sexuales suelen darse más bien en la niñez, cuando los impulsos sexuales no se dirigen exclusivamente hacia objetos heterosexuales, sino incluso hacia personas del mismo sexo, hacia uno mismo o hacia animales.
De igual modo, según la tesis freudiana las causas más comunes de homosexualidad son:
1) Las ligas excesivas del niño al padre del sexo opuesto, con el resultado que después los cónyuges potenciales son rechazados como indignos y la libido se dirige hacia personas de su propio sexo (un complejo de Edipo o de Electra irresuelto);
2) Sobrevaloración del pene (complejo de castración [en el varón], envidia del pene [en la niña])
3) Temor de un padre o figura paterna estricta y sin amor;
4) Celos hacia un hermano mayor;
5) Seducción homosexual durante la infancia. (1)
El consejero matrimonial Tim LaHaye en su libro Homosexualidad: lo que es, lo que hace y cómo superarla considera que los componentes para desarrollar una disposición homosexual son:
1) Temperamento melancólico [LaHaye considera que la mayoría de homosexuales son de temperamento melancólico].
2) Crianza tolerante en la niñez [¡Benjamín Spock fue el adalid de la permisividad! De él hablamos en ¡Paremos ya la maldad contra los niños!]
3) Inseguridad respecto a la identidad sexual.
4) Experiencias sexuales durante la niñez [o seducción sexual durante la infancia. Por lo general es un adulto heterosexual quien daña al niño o adolescente. No olvidemos al gavilán pollero]
5) Interés prematuro en el sexo. [Exacerbado por los medios de comunicación, la pornografía o malas compañías]
6) Se masturba y tiene fantasías sexuales durante la juventud. (2)
LaHaye también habla de una fórmula existente para que un niño desee ser homosexual:
1) Una predisposición hacia la homosexualidad [Esto opera en la mente del niño]
2) Esa primera experiencia homosexual
3) Pensamientos homosexuales positivos y placenteros
4) Más experiencias homosexuales
5) Más pensamientos placenteros. (3)
Por su parte, el sicoterapeuta William Consiglio, fundador de los ministerios Esperanza que ofrecen apoyo a las personas que están triunfando sobre la homosexualidad, en su obra No más homosexual: estrategias prácticas para vencer la homosexualidad manifiesta que hay seis etapas del desarrollo homosexual:
1) Baja autoestima.
2) El vacío de género.
3) La atracción de género.
4) La atracción sexual.
5) El refuerzo homosexual.
6) La identidad homosexual (4)
Las obras de LaHaye y de Consiglio deberían ser leídas por padres, educadores, consejeros y homosexuales por ser directos y prácticos. Además de apoyar la posición de ayudar al homosexual o bisexual en lugar de condenarle y/o apoyarle a seguir en la falacia llamada “preferencia sexual”.
Por otro lado, ni Simon LeVay (con el Inah-3), ni Bailey y Pillar (con gemelos y otros hermanos), ni Dean Hamer (con marcas genéticas Xq 28), ni George Ebers (replicando el estudio de Hamer), ni George Rice et al, ni Harry Benjamin (con “glándulas endocrinas en desarmonía”) han hallado que haya algún gen ni otros factores determinantes en el comportamiento sexual.
Por el contrario, Robert L. Spitzer sostiene que la homosexualidad es una enfermedad (como lo es la lujuria, aunque no esté catalogado como tal) y puede curarse, y los homosexuales son capaces de ser “altamente heterosexuales” luego de una sicoterapia ofrecida en gran parte por agrupaciones religiosas. Yo diría cristianas.
Aunque los estudiosos aún no sepan qué determina la inclinación sexual de una persona, algunas investigaciones realizadas sugieren que hay factores biológicos, no una acción voluntaria. Yo me mantengo en la posición de que no se nace homosexual. Considero que no hay factores genéticos -ajenos a la voluntad del humano- que le lleve a decidir sobre su inclinación sexual. Mi tesis es sicosocial teniendo como sustento lo teológico. Para mí la homosexualidad depende básicamente de la relación con mamá y papá; o, en su defecto, con quien crió; del ambiente en que se ha criado la persona, y en si hay algún tipo de alteración en el desarrollo síquico y sexual a causa de la injerencia de los modelos de conducta observados por el niño o adolescente.
Algunos se creen sabiondos por haber estudiado una carrera en la cual -según el mito- “todos son científicos”. Pero en realidad poco o nada saben o entienden sobre la naturaleza humana y temas espirituales. (No comas cuento de que todos los que estudian ciertas carreras son “científicos”. Muchos en lugar de ser científicos son filósofos. Su ideología, resentimientos o creencias determinan su “ciencia”. O abrazan a un tío resentido como su patrón o ídolo. Al tocar temas religiosos o sobrenaturales pelan el cobre, pues ven la vida solo a través del conducto de su especialidad. Caen en la trampa de creer que lo saben todo, pueden entenderlo y explicarlo todo, o están autorizados para hablar o escribir de lo que ignoran. No son todos los que están, ni están todos los que son. Además, en El origen del sufrimiento... dijimos que desde los inicios del siglo XX cuatro descubrimientos naturalistas demostraron que las ciencias naturales son falibles y los pilares sobre los que descasaban tales ciencias fueron tambaleados y resquebrajados. Si no me lo crees, pregúntaselo a Heisenberg y a Gödel)
Puedo invertir años estudiando la Biblia y no parar de maravillarme de la riqueza, profundidad y sencillez de este Libro, y errar mis conclusiones porque todavía hay ojos vendados que no quieren ver la verdad. San Pablo es crítico y expresa que hay los que leen el Evangelio pero sus mentes están embotadas y sus ojos necesitan colirio para ver, porque “el hombre natural [gr. psuquikós] no capta cosas espirituales”.
Algunos con teología trocada afirman que la Biblia hoy no condena la homosexualidad como se hacía en el Antiguo Testamento. Eso es cierto en parte. Pero ocultan que la homosexualidad sigue condenada en la Biblia. Tal es su engaño, que ordenan homosexuales confesos como ministros de su “iglesia” homosexual porque es más fácil estar “cómodo” en la incomodidad que llamar a la gente a cambiar. Quien de veras tiene un encuentro con Cristo empieza a cambiar no por sí mismo, sino por el poder del Cristo resucitado. Tienen la desfachatez de asegurar que entre el rey David y Jonatán, hijo de Saúl, primer rey de Israel, hubo una relación no de amigos sino homosexual.
Cierto es que las palabras homosexualidad y homosexual no se hallan en los manuscritos originales de la Biblia, mas aparece Sodoma del cual se deriva el término “sodomita”, que en hebreo es cadésh, “devoto masculino (por prostitución) a la idolatría licenciosa: -sodomita, idolátrica”. (5) (Usado con permiso) En griego es arsenokoites (“los que se echan con varones”) de arsen, varón, y koite, cama, lecho, denotando asimismo la relación carnal”, o coito anal. (6) (Usado con permiso)
En la Biblia, la homosexualidad de hombre y mujer está muy connotada a la idolatría y al paganismo. No es de extrañar porqué muchos lugares donde sobreabunda la homosexualidad ha existido y existe gran fervor religioso idolátrico, aliado al subdesarrollo. ¿No te habla eso de países y ciudades latinos subdesarrollados o menos desarrollados que otros en América y Europa? Aunque algunos no lo crean, la homosexualidad siempre ha arruinado a los pueblos y a la persona más que cualquier otro pecado. En la antigua Grecia, muchos guerreros y filósofos eran homosexuales; el sexo contranatural, la prostitución y la religión pagana jugaban un importante papel en el mundo antiguo. Tanto que en los tiempos del Nuevo Testamento había las llamadas vírgenes vestales que no eran otra cosa que sacerdotisas prostitutas. El Imperio romano (y otras civilizaciones, ver Sexo: autocontrol o caos) cayó (cayeron) mayormente por la corrupción aunada a la perversión y homosexualidad de sus emperadores y ciudadanos. ¿Has notado el alto índice de suicidios o muertes “misteriosas” entre homosexuales y bisexuales? ¿Será que el descontrol en el sexo es un tipo de suicidio inconscientemente premeditado? Lo creo. ¿Podemos ver por qué en el Antiguo Testamento se condenaba a muerte al sodomita u homosexual? ¿Qué podemos decir del caso Sodoma y Gomorra que veremos más adelante? ¡Cuidado! No estoy instigando a nadie a linchar a los homosexuales. ¡Dios me libre de expresar tal aberración! Ellos necesitan ayuda y compasión, no nuestra lástima, condena ni alcahuetería.
Dios no condena a nadie a nacer homosexual ni condena al homosexual. Pero desaprueba la homosexualidad; al hombre afeminado (gr. malakos) que actúa y/o quiere ser mujer, y a la mujer marimacho que obra y desea ser hombre. Ojo, Dios aborrece la actitud, y el obrar, no a la persona.
Afirmar que la homosexualidad “es una preferencia sexual legítima, gobernada por genes y hormonas en respuesta a estímulos determinados” es brutal y anticientífico. Es solo una especulación con máscara de ciencias naturales. Hemos analizado que no hay factores genéticos ni hormonales que determinen la identidad sexual del sujeto. ¿Cómo puede ser la homosexualidad una “preferencia legítima” si no se determina a sí misma ni el sujeto es libre realmente de escoger? ¿Cómo es posible que sea “preferencia” (elección personal) si es “gobernada” por otros factores? Esta es solo una de las tantas contradicciones en que caen estos filósofos modernos que escriben en diarios y revistas. Analizan el tema de la homosexualidad con gafas relativistas y cientificistas. Con lupa homosexual.
Algo más: eso de “preferencia sexual legítima” es cuchillo de dos filos, porque puede ser usada por pedófilos para intentar justificar su aberración, diciendo que tener relaciones sexuales con un niño es una “preferencia sexual legítima”. ¡Pues él prefiere a los niños! ¡Cuidado como hablamos!
Quien asegure que “se nace homosexual o lesbiana”, o que la homosexualidad no “puede ‘curarse’ con fórmulas espirituales o sicológicas” condena al sujeto al maldito yugo de deseos engañosos y extraviados; y, francamente, no sabe lo que asegura. (Para ser tan radical uno debería conocer las dos careas de la moneda. Mientras conozca una sola simple y llanamente habla de lo que desconoce. Está especulando. De ahí que el que dice que Dios no existe sea presuntuoso y arrogante) Sentencia, asimismo, al homosexual al inexorable sino que condena a Edipo a matar a su padre y a casarse con su madre, aun contra su voluntad. Más o menos es esto lo que quieren expresar: “Si naces con los genes y las hormonas equivocados, serás homosexual aunque no quieras”. ¡Pamplinas! ¡Basta de sofismas camuflados de ciencia! (Si el Dios bíblico actuara como el Sino mitológico de los griegos, te aseguro que yo lo habría abandonado hace muchos años. Si Dios hubiese condenado a Judas por el simple hecho de cumplir una profecía, ¿cómo se podría culpar a Judas de haberlo traicionado? Dios fuera injusto y malo por condenarlo a cumplir algo que el mismo Dios le había encomendado. La ignorancia es insolente)
El que a priori asevere tajantemente que Jesús no puede libertar y transformar a un homosexual es filosófica y científicamente irresponsable y adopta una posición muy subjetiva; peor aun, es un charlatán, ya que ignora la existencia de innumerables testimonios de ex homosexuales, ex lesbianas y ex bisexuales que testifican que en efecto Jesús liberta y cambia al homosexual, lesbiana o bisexual que con corazón contrito y humillado acude al Cristo resucitado. Lo que es imposible para cualquier ciencia natural o social, con todo y su conocimiento, métodos y drogas, lo hace Jesús en cuestión de segundos. ¿Imposible? ¿Mito? ¿Superstición? ‘Superstición’ llama el ignorante a su ignorancia. Si no lo creo, es mi problema y decisión, pero manifestar lo contrario sin investigar con honestidad intelectual es mera cháchara.
Como conflicto de identidad sexual que es, la homosexualidad es síntoma de la parte enferma del humano de la que hablo en El origen del sufrimiento..., que encierra conflictos. Pero los homosexuales y bisexuales no están solos, pues desde que caímos allá en el Edén todos estamos enfermos en el espíritu y en el alma. Nadie está libre de enfermedad espiritual y emocional. La mayoría no seremos homosexuales ni bisexuales, pero todos tenemos una pata coja y necesitamos ayuda espiritual o sicoemocional.
Un conflicto o lesión sicológica suele ser -como en otros trastornos de personalidad- el síntoma de una enfermedad, la punta del témpano. Vemos la punta, mas debajo (en el inconsciente y a veces en la sombra) hay un agudo problema, o un problema nuclear, que es un conflicto arraigado en la infancia cuya injerencia está presente durante todo el desarrollo de la personalidad, sobre todo en complejos y conflictos posteriores. Estamos acostumbrados (condicionados) a pensar que “enfermedad” es únicamente lo que se manifiesta en el cuerpo (gr. soma). ¡Cuánto cuesta al humano aceptar que está enfermo emocional y/o sicológicamente! Por negar el conflicto sicológico o emocional (punta del témpano) no resolvemos la mayor parte de problemas internos, hasta que revientan o se activa el circuito de abajo (del inconsciente) y perdemos la funcionalidad para valernos por nosotros mismos. Solo así empezamos a darnos cuenta de que tenemos un problema, creyendo equivocadamente que el problema nuclear empezó en ese momento. La verdad es que siempre estuvo ahí; pero ahora algo lo activó o desencadenó.
Vimos que nadie ni ninguna ciencia ha comprobado ni comprobará que se nazca homosexual. Hasta ahora, lo único que hay al respecto son especulaciones. Si el Creador hiciera nacer a alguien homosexual o lésbica, ¿con qué autoridad o moral condenaría la homosexualidad o lesbianismo en la Biblia? El Antiguo y el Nuevo Testamento en sus 66 libros condenan sin ambigüedad la homosexualidad del hombre y de la mujer. Quien afirme que la Biblia es “ambivalente” sobre la homosexualidad o “no condena” el lesbianismo, la desconoce o miente premeditadamente.
Desde que Dios instituyó el matrimonio (gr. gamo = boda) heterosexual y surgió la familia (gr. genos) humana, el matrimonio para ser matrimonio deberá realizarse necesariamente entre un hombre y una mujer. Sin esa fórmula esencial (hombre/mujer) cualquier otra “unión” es perversión del propósito primario del matrimonio; que es el nacimiento de hijos y el goce sexual de ese hombre con esa mujer.
Tan excelso y trascendental es el plan original del casamiento, que la Biblia lo compara con la sagrada unión entre Cristo y su Novia la Iglesia. En pocas palabras, en el matrimonio inicial Dios buscaba (y busca hoy) la unión no solo corporal y emocional de un hombre y una mujer; también la fusión espiritual de ambos. Que hoy matrimonios heterosexuales no cumplan dicho plan por equis o ye razón no justifica el “matrimonio” homosexual. Aun cuando no sea del agrado de algunos y otros transgredan normas, moral y ética, y contradigan a natura, el sano sentido común y la lógica por intereses políticos o personales, el matrimonio no es una invención humana. Por tal motivo -ya sea que case un “ministro” religioso, un juez o notario-, si la ceremonia no es entre un hombre y una mujer, no tiene ninguna validez ante los ojos de Quien estableció el matrimonio, y evidentemente dicha “pareja” vive en abierta fornicación contranatural. (¿Quieren “unirse”? Es decisión y problema de la “pareja” hacerlo. Pero que no busquen “derechos” donde no los hay. Y no utilicen algo tan sacro y loable como el matrimonio y/o la adopción de niños para intentar dar visos de legalidad o consentimiento divino a algo que de salida es aberrante. “[...] Al que haga tropezar a alguno de estos pequeños [niños] que creen en mí, más le valdría que le colgasen al cuello una piedra de molino de asno, y que le hundieran en el fondo del mar”, expresa Jesús de aquellos que son piedra de tropiezo y de escándalo a los niños.)
El Creador hizo una Eva para Adán, un Adán para Eva con dos fines básicos ya mencionados: propagación de la especie y el placer sexual. Quien vea al sexo exclusivamente como medio de procreación está tan errado como aquel que lo considere simple goce de la carne. Tan pérfidos son ambos puntos de vista como lo es la más abyecta pornografía.
Entre los animales no hay conflictos de identidad sexual. Verdad es que en los pingüinos Humboldt hay relación entre machos. Y en medio de pingüinos hembras macacos se dan relaciones bisexuales. Mas, ambos casos ocurren por tácticas y cuestiones sociales, no por causas biológicas ni conflicto de identidad sexual. La conducta sexual animal es extremadamente instintiva, salpicada de estrategia de supervivencia, determinada por factores sociales; y en el humano además de instintiva es emocional y sicológica, con fuertes deseos inconscientes de propagación e inmortalidad. En los animales el instinto reproductor está orientado hacia un animal de sexo opuesto, aunque en cautiverio -al faltar estímulos de la vida silvestre- se provocan con mayor frecuencia conductas sexuales entre animales del mismo sexo, mas esto no es igual a la homosexualidad de los humanos, sino que es señal de que en la sexualidad animal también están presentes factores conductuales además de los reproductivos.
Ahora bien, supongamos que entre los pingüinos Humboldt y macacos hembras se dieran homosexualidad y bisexualidad por causas biológicas. Pregunto: ¿Sería lógico, sabio y sano que el ser humano se colocara al nivel de los animales en algo tan personal y sublime como lo es su sexo y vida sexual? Pienso que no. Con todo, la historia humana revela que la mayor parte de los humanos ha sido y es tiranizada por el sexo. Ello tampoco es excusa para relaciones homosexuales o bisexuales.
Cierto es que en el Antiguo Testamento se habla de “no te echarás con varón como con mujer [...]”, y no menciona directamente a la mujer en ninguno de los cinco pasajes donde se hace alusión a los sodomitas. Pero ello no significa que la práctica lésbica sea aprobada por Dios. Ni es ambigüedad como incorrecto es manifestar que Dios condena a la adúltera y no al adúltero, o que Jesús no condena el adulterio, tal como escribiera Bertrand Russell (Russell y otros filósofos no se percatan de que sus resentimientos les impelen salirse por la tangente y escribir disparates) Buscar la quinta pata al gato es intento fallido de desvirtuar el precepto bíblico y faltar a una ley de hermenéutica que enseña escudriñar otros versículos que sustenten un pensamiento antes de una formular doctrina.
Echando por tierra los argumentos de que “muchos de los acontecimientos relatados en el Antiguo Testamento pueden ser catalogados como mitos”, en 1989 Ron Wyatt descubrió las ruinas de Sodoma y Gomorra, destruidas por sodomía u homosexualidad. Sus habitantes eran tan pervertidos que intentaron abusar de los dos ángeles enviados por Dios a Lot para sacarlo a él y su familia de aquellas ciudades antes de la destrucción. Génesis 19 revela que la obsesión sexual de esos ciudadanos por los varones era tal que rechazaron el libertino ofrecimiento de Lot de darles sus vírgenes hijas, y a pesar de ser enceguecidos por los ángeles intentaron derribar la puerta para violar a estos dos varones.
Notemos algo que agrava la homosexualidad más que cualquier otro conflicto humano: pecados capitales condenados por la Biblia como el adulterio, incesto, prostitución infantil, trata de blancas y bestialismo generalmente no arruinan la identidad sexual del sujeto como lo hace la homosexualidad; a ello se debe la acentuada prohibición y maldición bíblicas a la homosexualidad. ¿Se equivoca Dios? ¡No!
¿Por qué Jesús no habló de la homosexualidad? Jesús no solo no enseñó de ella, sino que tampoco trató muchos temas que atañen a la Iglesia por dos razones principales: (a) Su misión consistió en rescatar y salvar “lo que se había perdido”; (b) Él no se relacionó directamente con la Iglesia, puesto que todavía no había Iglesia. La instrucción a la Iglesia la delegó a los apóstoles. (Cuando hablo de Iglesia hablo de la Iglesia cristiana fundada directamente por el resucitado Cristo histórico en el siglo I, no de la Católica nacida a finales del siglo V ni de las protestantes originadas en la Reforma).
Es en las cartas paulinas del Nuevo Testamento donde hallamos la doctrina sobre la homosexualidad. San Pablo revela que en el pasado el hombre y la mujer “no tuvieron a bien reconocer a Dios y no le rindieron culto”, ni le temieron; pues “aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza [con otra mujer], y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en sus deseos lascivos, los unos hacia los otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres [...]”. (Romanos 1: 25-28) Si alguien pensaba que la Biblia no condena el lesbianismo, aquí está la respuesta.
Asimismo, es Pablo quien amonesta: “no se dejen engañar [...], ni los afeminados, ni los sodomitas [...], heredarán el reino de Dios. Y eso eran algunos de ustedes; mas ya han sido lavados, santificados y justificados en el nombre del Señor Jesús [...]”. (1ra Corintios 6. 9b-11) (Vocablos como: lavados, santificados, justificados, transformados y otros más no pueden ser entendidos por el escéptico, agnóstico y ateo; por consiguiente, el próximo paso es lo más cómodo: reírse de ellos y tratar de desvirtuarlos sin antes haber estudiado científicamente a través de la teología cristiana -no racionalmente- los millones de casos de personas que han vivenciado esa realidad en sus vidas. Dichos criticastros no son científicos, sino filósofos frustrados... y antirreligiosos resentidos. Además, son irrespetuosos al llamar “mentiroso” al apóstol Pablo que enseña que sí hay esperanza para el homosexual y la lesbiana. Es decir, sí hay una “fórmula” para cualquier tipo de pecado: creer y venir a Jesús)
Hay cristianos que creen que los homosexuales “no tienen salvación”, y los discriminan, juzgan y condenan al infierno. Usurpan el papel de Dios, que no les condena. San Pablo no dice que los homosexuales y bisexuales no tengan salvación. Advierte que no nos dejemos engañar por los que enseñan que se puede ser homosexual o lesbiana y gozar de la bienhechora mano de Dios. Y recuerda a sus lectores: “eso eran algunos de ustedes”.
Ya vimos que opuesto a lo que aseguran algunos “expertos” y “científicos”, sí hay esperanza para el homosexual, lesbiana o bisexual que quiera cambiar de estilo de vida. Eso de que la homosexualidad “es una preferencia sexual legítima, gobernada por genes y hormonas en respuesta a estímulos determinados” es cientificismo e ignorancia del poder de Dios obrando a favor del humano. Lo que es imposible para las ciencias naturales o sociales es posible para el omnipotente Dios de la Biblia, estimado amigo. Dios no condena al homosexual y al bisexual, pero les exhorta a venir a ese Cristo que perdona, sana la mente y emociones, sacia hambres de afecto, liberta, transforma y salva. Decir lo contrario, es hablar irresponsablemente de verdades desconocidas.
La sociedad se mofa y condena al homosexual o le aplaude para que continúe con su conducta antinatural, buscando derechos donde no los hay. Los políticos les apoyan por el simple hecho de querer ganar más votos y obtener el poder. Jesús invita al homosexual a venir a Él para ser lavado, santificado, justificado, libertado y cambiado por medio de Sus méritos obtenidos en la cruz romana. Sin haber sido homosexual ni bisexual, sé que cuando una persona rinde su vida a Jesús Él transforma su vida de tal manera que esa persona no es la misma, sin importar el conflicto sicoemocional que tenga. La vivencia de innumerables homosexuales, lesbianas y bisexuales regenerados por el Señor Jesucristo es más que suficiente para demostrar que quien tiene la última palabra no es el hombre mortal y falible que se cree dueño y portador de la verdad, sino Aquel que puede cambiar la vida de quien le busca con sencillo y contrito corazón.
Ahora bien, muchos homosexuales no quieren dejar su vida de placer desenfocado como muchos heterosexuales no desean abandonar su libertinaje sexual, pues ese es el camino fácil y cómodo de los mediocres que no se atreven a cambiar viejos y malos hábitos, aunque sean destructivos.
Por último, no olvidemos que sea como sea nuestra vida sexual, Jesús nos ama, nos acepta como somos; no nos condena y quiere perdonarnos y hacernos nuevas criaturas. ¡La decisión es nuestra!
Bibliografía
(1) James A. Russel y George L. Cantzlaar, Diccionario de psiquiatría, p. 147, Compañía Editorial Continental, S. A., México, 1972.
(2) Tim LaHaye, Homosexualidad: lo que es, lo que hace y cómo superarla, p. 64. Editorial Mundo Hispano, Estados Unidos, 1992.
(3) Ibid, p. 74
(4) William Consiglio, No más homosexual: estrategias para vencer la homosexualidad, pp. 82-85. Centros de Literatura Cristiana, Colombia, 1991.
(5) James Strong, Concordancia exhaustiva de la Biblia (Diccionario de palabras hebreas y arameas), p. 116, Editorial Caribe, Estados Unidos, 2002.
(6) W. E. Vine, Diccionario expositivo exhaustivo de palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento, p. 855, Editorial Caribe, Colombia, 2001.
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